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Rocha,

Aparicio Saravia - Aporte de Leopoldo Amondarain

17/09/2010

Supongo que cuando el Dr. Herrera expreso su famosa frase: “que lindo es sentirse blanco”, lo hizo pensando entre otros en Aparicio. Sentirse blanco es oler a Patria, interpretar las necesidades y filosofía de la gente, tener la fragancia pura de la anacahuita y el palpitar ardiente de la sangre libertaria de los mayores, inmolado en la heroica Paysandú de Leandro y en el pedestal mortuorio del Masoller de Saravia. Pero el ser blanco es también el reconsiderar sueños y ambiciones no de poder sino de lograr principios igualitarios del pueblo más humilde y necesitado que “anda y arde en la calle”. Principios que aun hoy día, a 175 años de su fundación por el Vasco Oribe y a los 106 años de la muerte de Aparicio, tienen vigencia, aunque muchos quieran robarnos banderas. Aparicio jamás imaginó siendo como fue guía e inspirador de miles de voluntades, ser Presidente de la Republica. Pero si creyó y logro el voto secreto con el que aún elegimos en forma ejemplar nuestro destino. Para eso, erradicó a riesgo de su sangre generosa el régimen de “balotas” tristemente famoso con lo que la “canalla” colorada hacía votar los muertos entre otras “menudencias”. También logro la representación proporcional de las minorías cuyos derechos les eran negados. Y hoy, gracias al coraje y luchas de los “indios” del “General Aparicio” tirios y troyanos pueden hablar, criticar y hasta injuriarnos sin percatarse con mala fe que si todos estamos representados ante la ley en igualdad de derechos es por el logro de dichos principios. Cansado de corrupción de gobiernos de “Doctores y malandros” ordena a Camundá a hacer sonar su mítico clarín. La Patria no puede ser de un conjunto de mercaderes e histriones políticos que han hecho de las prerrogativas del ciudadano, nubes que el viento lleva, sentándose hoy donde lo hicieron Próceres y adalides de los tiempos heroicos de nuestra historia. “Dignidad arriba y regocijo abajo” le escribía a su hermano Basilio enrostrándole el estar al servicio de la corrupción de los gobiernos “salvajes”, él que era un hombre honrado! Cuanta similitud con las realidades posteriores que aún hoy sufrimos! Vaciamiento de bancos, nepotismo, casinos en quiebra, y demás, etc. Abusos que reveló y combatió con singular fiereza la pureza de su “poncho blanco”. El pueblo estaba inerme y desamparado por las inmoralidades de los gobernantes indignos enajenados a fuerzas foráneas imperiales. No era mirando de la costa a Europa buscando soluciones allende el océano en doctrinas ajenas a nuestro ser nacional y cuyos imperiales intereses eran apoderarse de nuestras materias primas para industrializarlas y vendernos “espejitos” a su cambio, que se defendía la Patria! Justo era al revés, lo de Aparicio! Mirar desde la costa hacia el interior profundo, a sus cuchillas y llanuras, su aire fresco, el azul de sus arroyos, mulitas y totoras, el sudor de sus gauchos y el sabor al terrón de su tierra arada. La Patria misma interpretó el “Águila del Cordobés” en el despertar de las conciencias de sus gentes, y el venturoso futuro de sus hijos y sus nietos. El y sus “hombres de armas llevar” como las llamaban los “doctores” asustados a sus caudillos patriotas. Pero eran justamente estos, los que rescatadas las banderas de integridad de la Nación, volvían con los tordillos de la brida a seguir construyendo la Patria nueva y pura. No eran las grandes ciudades con sus transnacionales, sus bancas foráneas, los intereses usurarios, escritorios comerciales, sus humos y estridencias con intereses gringos imperiales, el natural ámbito de sus sueños y sus luchas. Los Saravia, los Cicerón Marin, Yarza, Anselmo Urán, Carmelo Cabrera, los Basilio Muñoz lucharon por otras realidades más sencillas y sentidas que rebuscadas “patrias grandes” ajenas a nuestros sentimientos nacionales. Hoy se repite la historia. Se vuelve a rendir pleitesía a intereses imperiales económicos. El gringo, los países poderosos, incluidos los vecinos, con intereses multinacionales cuyo sueño es el fagocitarse las patrias chicas o débiles terminando con su soberanía y su riqueza. Hoy ya no está el Águila del Cordobés! Pero nos dejo su ejemplo de amor por su tierra arada, el flamear de sus banderas y las estrofas de un himno que siempre clamó por libertad. Mientras existan sentimientos como los de Aparicio, las ideas globalizadoras extranjerizantes, de “patrias grandes”, se estrellaran contra el nacionalismo libertario de las patrias chicas dignas, como las que nos legaron Oribe, Leandro y Aparicio entre otro muchos grandes. ¡Viva Saravia!









Leopoldo Amondarain


 
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