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Rocha,

Intervención en Sala - Discusión Rendición de Cuentas 2014

15/09/2015

SEÑOR CARDOSO.- Pido la palabra.

SEÑOR CARDOSO.- Señor presidente: el tratamiento de la rendición de cuentas no es un trabajo de economistas. Al Senado de la República venimos –porque ninguno de nosotros está aquí como consultor ni como integrante de la cátedra de economía de la Facultad de Ciencias Económicas– a ver cuáles fueron los resultados del Gobierno, en este caso, cuando culminó su tarea. Y el resultado es político; eso es lo que analiza este Cuerpo. Recién, en los últimos instantes, presenciamos un pequeño debate acerca de consideraciones de carácter político. Es decir: a los parlamentarios se nos encomienda analizar y revisar qué ha pasado con los dineros públicos, qué ha sido de la vida de los impuestos de los uruguayos en manos de los gobernantes.

De manera que el informe de una rendición de cuentas –y, mucho más, la del último año de gobierno– es el resumen cabal de un proceso de gestión. Esta rendición de cuentas es la última del presidente Mujica y, por lo tanto, lo que estamos viendo es cómo le fue a ese período de gobierno, y no solamente en el último año. Es el momento de mirar el proceso de gestión. Y, como se trata del mismo partido que está gobernando desde el año 2005, en realidad lo que tenemos que mirar es cómo ha gobernado el Frente Amplio y a dónde ha llevado al país el Gobierno de la república con los dineros que maneja, que son los impuestos de los uruguayos.

El Parlamento tiene una debilidad institucional, de la que hemos hablado muchas veces en la Cámara de Representantes, para analizar las rendiciones de cuentas. En algún momento, en el país, el Tribunal de Cuentas era un órgano dependiente del Poder Legislativo –ya lo he dicho en alguna otra oportunidad aquí mismo–, pero eso dejó de ser así. Entonces, el Parlamento y los parlamentarios nos vemos obligados a analizar en 45 días una historia de ejecución, sin haber visto absolutamente nada de lo que pasó durante el último año. Es decir: estamos obligados y sometidos a recibir un fárrago de documentos, estudiar todo y dar nuestra opinión, todo en un plazo de 45 días porque no tenemos un seguimiento presupuestal. El Parlamento no tiene un instrumento que permita seguir paulatinamente el proceso. Eso nos permitiría, incluso, atajar algún desastre, y no hablo solamente de la oposición, sino también del propio Gobierno. Me refiero, por ejemplo, a algunos de los desastres en materia de ejecución que ya hemos visto, que existen y que no se van a desmentir.

En definitiva, el Parlamento no tiene una especialidad para analizar los presupuestos ni las rendiciones de cuentas, y lo hacemos como podemos. Fíjense señores senadores que cuando concurre un ministro de economía a la Comisión de Presupuesto integrada con Hacienda, viene con un séquito de gente: asesores, directores, subsecretario, etcétera. Pero los legisladores tenemos que discutir y decidir si nuestros asesores pueden entrar a la comisión; a veces hasta se dice que los legisladores no pueden tener asesores. Es decir: peleamos con un tenedor, y el Gobierno maneja toda la información. Entonces uno tiene que estudiar, a marcha tractor, en un proceso de rendición de cuentas, cómo le fue al Gobierno.

Y los roles están claros. Aquí el que tiene que defender al Gobierno es el Frente Amplio, no nosotros. Los roles están claros. ¿De dónde salió eso de andar reconociéndole al Gobierno las cosas que hace bien? ¿Por qué hay que reconocerle al Gobierno lo que hace bien? Que lo diga el Frente Amplio, que tiene dieciséis senadores. Salgan y díganlo. Digan ustedes que les fue muy bien. Ese no es el rol de la oposición.

Siempre recuerdo –porque demuestra la deslealtad en el debate político– lo que ocurrió en el año 1990, cuando el Partido Nacional comenzaba su gestión en el gobierno. Hay que ver las cosas que nos dijeron acerca de nuestro presupuesto en aquel momento. ¿Alguien dijo, desde la izquierda: «No, pero miren que el Gobierno está pagando una reforma jubilatoria que se votó en el plebiscito de noviembre pasado y que nadie tenía prevista»? ¿Alguien dijo que había aumentos cuatrimestrales de jubilaciones y salarios? ¿Alguien dijo algo? ¡Qué van a decir! ¡Nos dieron como adentro de un gorro! Dijeron que el presupuesto estaba mal elaborado, que no tenía políticas sociales, que no habíamos tenido en cuenta un programa de ejecución presupuestal ambicioso que transformara al Uruguay.

De manera que lo primero que debemos decir acá es que cada uno se hace cargo. ¡Que el Frente Amplio defienda lo que le parece que está bien! Nosotros vamos a ver dónde están las debilidades, porque para eso nos puso la gente aquí. La gente nos dio un rol opositor, y no le vamos a echar agua al vino; vamos a decir lo que está mal desde nuestro punto de vista, lo que no se hizo, lo que se malgastó y cómo se usaron los dineros públicos en la ejecución presupuestal, porque los gobernantes manejan el dinero del pueblo. ¿De dónde? De los impuestos. Hay que analizar qué hacen con ese dinero, cómo lo utilizan y qué resultados obtienen.

El resultado económico del Gobierno ya se ha mencionado en términos generales y no lo voy a reiterar. Lo cierto es que se acostumbró a convivir con un déficit. Ya a esta altura empezamos a acostumbrarnos a que el déficit alto, grande e importante es parte de la realidad nacional. Tenemos que convivir con un déficit. Lo tiene asumido el Gobierno y lo minimiza cada vez que lo tiene que explicar, pero la realidad es que el déficit es una sangría. Es un problema grave y que, como el río en la creciente, no se nota lo que va dañando mientras está crecido, pero apenas baja, ¡vaya si se nota el daño! ¿Cuándo vamos a recibir el impacto del déficit fiscal? Obviamente, no cuando la economía está funcionando bien, sino cuando comiencen los problemas; en ese momento vamos a sentir el daño que ocasiona un tiempo como este de déficit fiscal tan elevado.

Además, paradójicamente, esto ha venido acompañado por el hecho de que los gurúes que tiene la izquierda en materia económica se parecen mucho a varias de las encuestadoras, que nos hacen un anuncio y después nos explican por qué estaba mal hecho. Pero siempre hacen un anuncio, y siempre es equivocado. Se equivocaron con el déficit, con el crecimiento, con todo. ¿Y después qué hacen? Explican por qué se equivocaron. Algunas encuestadoras hacen lo mismo: se equivocan y al otro día nos cuentan qué fue lo que pasó y por qué no se pudo cumplir su pronóstico. De manera que en materia de pronósticos el Gobierno es un desastre. No pensarán que les vamos a decir que lo hicieron bien, cuando se equivocaron en todo lo que nos dijeron en materia de pronóstico fiscal.

A su vez, el crecimiento de la deuda es un factor importante, pero viene relativizado por el PBI que tiene el país actualmente. La deuda –es de honestidad intelectual reconocerlo así– debe tener una relación con el PBI y también con la forma en la que se maneja. El impacto y la presión de la deuda también se explican por la forma en que esta se maneja. Y en los últimos diez años ha habido un cambio en el manejo de la deuda que todos conocemos y sobre el que hemos hablado muchas veces. Esto hace que el endeudamiento del país, que es muy grande –es el más grande en la historia del Uruguay; nunca debimos tanto–, comparado con el PBI es de un peso relativo. Otra vez: ¿cuándo vamos a sentir que esa deuda puede generar problemas? Cuando el PBI deje de crecer. No vamos a decir o a anunciar que viene un desastre, pero basta escuchar el informe en mayoría del Frente Amplio esta mañana para advertir que hay una alerta, porque escuchamos una larga, pormenorizada y detallada referencia a la situación regional. Es decir que empezamos a admitir que, en realidad, los problemas de la región nos están empezando a contagiar. Cuando la región y el Uruguay andaban bien, los méritos eran del Frente Amplio, pero cuando la región anda mal y nuestro país puede tener algún problema, la culpa es de la región. Esa es casi una máxima política: cuando las cosas van bien, me hago responsable, y cuando van mal, aparece un culpable. Por eso es que ahora empezamos con largos informes de lo que pasa en la región: porque obviamente la situación de la región va a generar impactos en nuestra economía. Por supuesto que no queremos que eso suceda, pero sí hubiéramos querido estar más preparados, con menos déficit fiscal y con una deuda no tan importante.

No voy a discutir la forma en que nos endeudamos y el pedido de una ley cuando ya el endeudamiento estaba hecho. La señora senadora Payssé ya dio su punto de vista sobre esto, pero evidentemente seguiremos discutiendo la forma en que piden el endeudamiento, porque constitucionalmente corresponde exigir que se pida primero al Parlamento. Pero allí también encontramos otro punto de inflexión, en el sentido de que se puede aumentar el endeudamiento aunque la autorización se consiga luego.

Si analizamos el resultado presupuestal del año 2014 podemos ver que es el peor de los diez años de gobierno del Frente Amplio, incluso que el de 2009. Los comparo porque estos dos años tienen un elemento en común: son años electorales. Y si uno mira algunos datos de la economía de ese año, vuelve a aparecer aquella frase célebre –que no dijimos nosotros– de «carnaval electoral». En el año electoral siempre aparecen elementos determinantes, como el aumento de los funcionarios públicos, del gasto y de la publicidad oficial. Coincidentemente, todos estos rubros se incrementan en el año electoral. El año 2014 fue el peor de todos, y el Frente Amplio vuelve a cumplir con ese casi paradigma de que en el año electoral el gobierno abre la mano y gasta más, seguramente para tener una participación más activa en el acto electoral.

El informe sobre el endeudamiento externo, entonces, nos preocupa, más allá de que pueda ser relativizado por el volumen del PBI. Pero vamos a ver que en algunas otras áreas de la economía y en materia de gasto, tenemos también cosas para quejarnos.

Si se analizan estos grandes números de la rendición de cuentas presentada, vemos que, como bien se ha dicho aquí, los desvíos mayores se producen por las transferencias al BPS. Estamos hablando de un organismo deficitario, que consume seis puntos de IVA para poder sostener todo su plan de previsión social. Por lo tanto, las transferencias al BPS tienen una gran incidencia. Pero también debemos tener en cuenta las transferencias que, en el marco de la ley de creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, se realizan al Fonasa, y el desempeño de las empresas públicas, que han sido un paradigma en el Uruguay y sobre las que el Frente Amplio ha hablado tanto durante mucho tiempo. Las empresas públicas han tenido un mal desempeño, y basta mirar sus resultados para advertir que no solamente Ancap dio pérdidas, sino que Antel redujo sus ganancias. Es decir que las empresas públicas que, se supone, tienen que jugar un rol muy importante en el sostenimiento de la economía –porque este es un país con un fuerte componente estatista, donde las empresas públicas tienen un papel muy relevante–, han tenido desempeños económicos complicados. No nos vamos a detener mucho en este tema, pero quiero mencionar el cierre de Pluna y los cientos de millones de dólares que costó al país este escandaloso episodio; los déficits de Ancap y la pérdida de ganancias de Antel –que a esta altura empiezan a ser crónicos–, y la situación de otras empresas comerciales e industriales del Estado que tampoco tienen comportamientos favorables. De manera que el sector público empieza a demostrar que tiene problemas de gestión. Entonces, no solo tienen problemas de gestión la educación o la salud, que son administradas directamente por el Poder Ejecutivo, sino que lo mismo sucede en las empresas públicas. Estas son administradas en forma autónoma por medio de consejos directivos, pero también ahí hay problemas de gestión.

Podríamos decir que cuanto mejor funcionó la economía, peores fueron los resultados, porque se ha dicho que en los últimos años el país ha tenido un crecimiento económico muy importante, es decir, hemos vivido tiempos de bonanza. Y justamente en los tiempos de bonanza es cuando, paradójicamente, algunas de estas empresas públicas han tenido mayores problemas. No es una mirada subjetiva ni que uno sea opositor, sino que de esto tenemos que ocuparnos cuando analizamos el proceso de gestión de un gobierno y una rendición de cuentas.

No voy a detallar todos los aspectos que deberían tenerse en cuenta, porque tendríamos que dedicar todo un día a analizar cada una de las áreas de la vida del país que están contenidas en una rendición de cuentas. Pero vamos a tomar algunos ejemplos. Uno de ellos es el tema de los funcionarios públicos. Estamos en 308.091 funcionarios públicos; hay 9.348 vínculos nuevos. Es decir que el instrumento del crecimiento de los funcionarios públicos se ha consolidado en el país. Esto es parte del gasto fijo; esto crece, se consolida e inmoviliza recursos. Por eso cuando consideramos el Presupuesto nacional, estamos discutiendo sobre el 30 % de los recursos, porque el 70 % restante están consolidados y son fijos. Es como una máquina que funciona automáticamente. Este proceso de consolidación de los funcionarios públicos es muy fuerte. ¡El Frente Amplio lleva ingresados 66.300 funcionarios públicos! ¡66.300 funcionarios públicos! Es la población entera de algún departamento del país. Ese es el ingreso de funcionarios públicos en una década de gobierno del Frente Amplio.

Es un incremento muy importante, y es una política pública: la de seguir apretando la economía con gastos fijos y funcionarios públicos. ¿Pero quién se tiene que hacer cargo? ¡Y el resto de la economía, que es la que paga impuestos y produce la riqueza! Si venimos de decir –y está demostrado en los propios balances– que las empresas públicas del Estado dan pérdidas, entonces ¿quién sostiene la economía? ¿De dónde salen los recursos para este crecimiento consolidado del gasto, que implica más y más funcionarios, hasta pasar los 300.000? ¡Casi un tercio de la vida laboral del Uruguay trabaja para el Estado uruguayo! Seguro, por eso cada vez que hay un concurso para ser funcionario público se llena el estadio. Además, los funcionarios públicos obviamente tienen aspectos de mucha protección. Si no, veamos la crisis de 2002: se destruyó el empleo y hubo una crisis económica brutal, ¿y quiénes quedaron a cubierto? Los funcionarios públicos.

Hace pocos días discutimos acá el tema del Fondes. En la rendición de cuentas vino un informe sobre el tema. Y quiero detenerme en este punto porque realmente el Fondes tiene aspectos que merecen un debate político profundo.

El Fondes hace, en realidad, lo que la izquierda uruguaya acusaba a los partidos tradicionales de hacer con el Banco República. Recuerdo haber escuchado muchas veces a los dirigentes del Frente Amplio decir: «¡No, lo que pasa es que con el manejo que hacen los directores de los bancos hay mucho amiguismo! Y los bancos reciben delegaciones, planteos, va gente a refinanciar deuda. ¡Hay un manejo complicado!». Recuerdo eso muy bien desde que inicié mi actividad política. Era un latiguillo muy fuerte de la izquierda, menos en el primer período de gobierno, luego de recuperada la democracia, porque tenían un director del Frente Amplio. Pero después, cuando no lo tuvieron más, empezaron a hablar de la política de clientelismo del banco, alimentada además por mucha información, alguna verdadera y otra no tanto.

Ahora bien, si miramos cómo actuó el Fondes en este período, podemos decir que es eso: saca plata al Banco República y la ubica en un lugar donde se pueda hablar mano a mano y prestar dinero sin fundamento ninguno. ¡Y está dicho en la rendición de cuentas: la incobrabilidad del Fondes!

Vamos a ver en este tercer período del Frente Amplio –en el que empezaron a mostrar diferencias con respecto al manejo del Fondes– cómo lo que ha pasado allí dentro va a confirmar que hay plata que es absolutamente incobrable. ¡Absolutamente incobrable! ¡Y no solo es incobrable, sino que además no generó empleo! ¡No es que prestamos plata para recuperar empleo, para dar una fortaleza, para generar una red de protección social en un emprendimiento productivo! ¡Es plata que cayó en el vacío, que no recuperó empleo, que no dio protección social!

El Fondes es una cosa extraña. Cuando discutimos el proyecto, hace pocos días, hice algunos comentarios, y recuerdo que el senador Mujica dijo que efectivamente teníamos que incorporar un artículo –¡coincidió conmigo!– que previera que el Tribunal de Cuentas iba a revisar los fondos para tener más transparencia en su manejo. Recuerdo que el senador Mujica dijo textualmente: «Lo vamos a arreglar, pero no ahora porque estamos apurados, está la gente acá». ¡Estaba la gente en la barra, que aplaudía! ¿Lo recuerdan? Pero, reitero, el senador Mujica dijo: «Ahora no porque estamos apurados, porque esta gente está esperando; vamos a votar la ley y después vemos». ¡Esto ocurrió el 5 de agosto! ¿Qué día es hoy? 15 de setiembre y el presidente Vázquez todavía no firmó la promulgación de la ley; hace 45 días que la tienen en Presidencia de la República. Entonces, ¿el Fondes era prioridad o no?

SEÑOR CARDOSO.- ¡Hay que reglamentarla! No se puede promulgar sin antes reglamentarla. La ley ni siquiera tiene número.

SEÑOR CARDOSO.- Si el senador Michelini lo desea, le concedo una interrupción.

Yo llamé a Presidencia de la República porque quiero presentar un artículo modificativo y me dijeron que la ley no está vigente; ni siquiera tiene número. No puedo presentar un artículo modificativo porque la ley no existe. La ley fue votada en este Senado el 5 de agosto. ¡Muchachos: la ley del Fondes! La ley que, se supone, va a corregir el manejo de esos fondos que deriva el Banco República, cuya primera rendición de cuentas tenemos acá para su estudio y algunos de cuyos aspectos comenzaremos a analizar.

De los organismos de contralor no hay ningún rastro; ni el Tribunal de Cuentas ni la Auditoría Interna de la Nación intervinieron. Sin embargo, en el decreto que lo hizo funcionar, firmado por el entonces presidente Mujica, se establecía la intervención de la Auditoría Interna de la Nación. ¡Eso nunca sucedió!

En la rendición de cuentas del Fondes se habla de una morosidad del 6 %. Nosotros creemos que es el triple. Y para mejorar el porcentaje de la morosidad se incluyeron los créditos que están en período de gracia y que por tanto no están vencidos, como el de Alas-U, por ejemplo, que aún no ha empezado a pagar. La previsión de incobrabilidad en ese caso es extremadamente baja, a pesar de que algunas empresas han cerrado, ya han dejado de pagar, han refinanciado capital e interés sin haber pagado ni amortizado nada. Aproximadamente USD 30.000.000 del Fondes son incobrables. ¡De los USD 50:000.000, USD 30:000.000 son incobrables! Sin embargo, no hay ninguna previsión ni garantía; ni siquiera hay un fondo de garantía para cubrir esa incobrabilidad.

Fíjense que el entonces presidente Mujica firmó el decreto, que decía: «Cométese a la Auditoría Interna de la Nación la realización de acciones de contralor, de acuerdo a las normas de auditoría generalmente aceptadas». Eso nunca se hizo con el Fondes. El Fondes es un área de la que nos tendremos que ocupar con detalle porque ya pasó mucho por allí, porque ya se han asignado muchos recursos y porque los resultados son, desde nuestro punto de vista, paupérrimos. Además, se prestó concentradamente: el 93 % de los recursos se lo llevaron cuatro empresas y ninguna de ellas está dando resultados prácticamente. La nueva institucionalidad que dimos al Fondes va a tener que resolver estos problemas. Y eso lo veremos, no sé si en el presupuesto, pero seguramente sí en la rendición de cuentas.

Hay otras áreas importantes a la hora de ver una rendición de cuentas, además del tema de la salud y las transferencias que el Poder Ejecutivo hace para el sostenimiento del Sistema Nacional Integrado de Salud, que sigue teniendo problemas en su funcionamiento. Creo que en eso todos coincidimos y no somos alarmistas cuando decimos que no funciona bien, que ASSE tiene recursos importantes pero no ha mejorado su nivel de gestión y que el mutualismo, agobiado por el incremento de la cantidad de usuarios, también está teniendo problemas de funcionamiento. En realidad este tema debería preocuparnos a todos porque la reforma de la salud la votaron todos los partidos representados en el Parlamento, con la expectativa de un sistema integrado que fuera construyendo mejores equilibrios, igualdad en el sistema de atención y que, además de mejorar el sistema público, que atiende a más de un millón de uruguayos, mantuviera la fortaleza del sistema mutual. Creo que la evaluación que tendríamos que hacer es que esas cosas aún no han pasado y que tendríamos que revisar algunos aspectos sustanciales del funcionamiento del Sistema Nacional Integrado de Salud porque ni el sector atendido por ASSE funciona mejor ni el mutualismo ha dado beneficios. A pesar de que el sector que atiende ASSE tiene menos pacientes, menos usuarios, que antes de la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, la afectación de recursos es altísima porque cobra cápitas de Fonasa y, además, los recursos presupuestales se asignan directamente. El sistema mutual, que recibió un corrimiento muy fuerte de usuarios del exsistema público –ahora, si bien hay prestadores privados, todo es un sistema público, todos los recursos son públicos–, está agobiado por ese incremento; basta recorrer cualquier lugar del interior del país, fundamentalmente, para ver las dificultades de gestión que tiene el mutualismo.

En el área de la educación, si uno pregunta –como señalábamos al comienzo– qué se hace con los impuestos, lamentablemente comprobará que la discusión está concentrada en «cuánta plata» y no «en qué». Lo estamos viviendo: el conflicto que se ha desarrollado en la educación en los últimos meses concentra la discusión en el monto presupuestal, en la plata, pero no nos animamos a dar un paso más adelante en materia de gestión de resultados, en medir resultados en materia de educación.

El Frente Amplio se propuso llegar al 4,5 % del producto bruto interno en el gasto destinado a la educación. Se consiguió, se logró y se gasta una porción muy importante de recursos públicos en materia de educación pública, pero a esta altura todos coincidimos –Gobierno, oposición y académicos– en que el sistema educativo uruguayo ha retrocedido en uno de sus componentes fundamentales: no en la cobertura, sino en la gestión de resultados y en los resultados obtenidos. Lo dice el propio Gobierno en su rendición de cuentas: que en algunas áreas los resultados son muy pobres, y que en otras son nulos o se ha retrocedido.

En algún momento tenemos que discutir no solamente de plata. Y yo no creo que sea bueno discutir estos temas tan separadamente: cuando discutimos rendición de cuentas y presupuesto, analizamos solo recursos, y cuando queremos discutir proyecto educativo convocamos una Comisión General, interpelamos a la ministra de Educación y Cultura, la llamamos a una comisión. Es decir, damos la discusión por separado. A mí me parece que para tener la posibilidad de avanzar efectivamente en esta materia hay que discutir esos aspectos en forma conjunta. Tanta plata ¿para hacer qué? ¿Cuáles son los efectos de los recursos asignados en materia de gestión de educación? ¿Vamos a sacudir al Uruguay con una educación eficiente? ¿Y a qué ritmo vamos a hacerlo? ¿A qué velocidad vamos a hacerlo?

Sería impensable que los avances que se han hecho, por ejemplo, en materia de informática –necesarios, imprescindibles; yo diría ineludibles– a esta altura no se hubieran incorporado al sistema educativo.

(Suena timbre indicador del tiempo).

SEÑOR CARDOSO.- El resto del sistema educativo o, diríamos, el resto de las políticas educativas –que no refiere solamente a algunos íconos, como el Plan Ceibal, la informatización en el proceso de trabajo de aprendizaje en el aula; reconozco que es muy importante, lo he defendido y he dicho que me parece bien, porque soy favorable a procesos de instrumentalización de la informática en el sector educativo–, que hacen a conseguir resultados auspiciosos, ¿están funcionando? Nosotros creemos que no. Los resultados de las pruebas PISA muestran lo improductivo de la inversión; la matrícula en el ciclo básico, así como en la educación técnica, creció, aunque se ha mantenido estable en el ciclo medio. Es decir, tenemos altibajos en un sistema educativo que no logramos recomponer. Es notorio que no logramos recomponerlo; es notorio que no estamos trabajando para lo único que el Uruguay puede mostrar. El Uruguay producirá carne y lácteos, el Uruguay mejorará aspectos de exportación –como ha pasado en el tema forestal, que ha generado un crecimiento tan importante del PBI–, pero el Uruguay va a ser lo que la educación haga de él y nada más; el resto será siempre coyuntural. Lo único permanente es lo que hagamos con el sistema educativo. Y el alcanzar el 4,5 % del PBI en materia de educación debió haber venido acompañado de un proceso de mejora de la gestión del sistema educativo. Debimos haber llegado al final de un período de gobierno –rendición de cuentas que estamos analizando– diciendo: «A raíz de este esfuerzo económico fenomenal que hicieron los uruguayos y que el Frente Amplio asignó, a través del 4,5 % del PBI, en su gestión de gobierno, obtuvimos estos resultados, o tenemos en marcha estos resultados». Sin embargo, ese proceso no se verifica; nadie está viendo hoy un proceso de transformación de ese tipo. Es más, acabamos de ver públicamente una discusión con los sindicatos de la educación en la que dicen: «No se puede asociar ningún incremento presupuestal a medidas que tengan que ver con el sistema educativo, porque de este nos ocupamos en tanto ente autónomo». Hoy leí en la prensa que la bancada de diputados del Frente Amplio estaría dispuesta a retirar el artículo que envió el Gobierno y que está estableciendo ese tipo de condicionamientos.

Es decir, ya se amenaza con apagar una pequeña luz en el fondo del camino, que es: a un incremento presupuestal, un proceso de gestión adecuado y una exigencia de que deben darse los resultados. Este es el trago amargo, lo que falta desde nuestro punto de vista. Yo sé que el Gobierno dice: «Ustedes siempre están viendo lo que está mal». ¡No! ¡Es lo que falta! Y queremos decirlo con claridad: para nosotros los incrementos presupuestales en materia de educación deben venir asociados a mejora de la gestión educativa y, por tanto, deben impactar en los resultados.

Otra área significativa que se tuvo en cuenta es el tema de la pobreza. El Frente Amplio dice: «En nuestro proceso de gestión de 10 años, en una década de gobierno, hemos reducido la pobreza». Esa discusión ya la hemos dado cuando el INE cambió los parámetros de medición de la pobreza reduciendo, obviamente, la exigencia. Recordamos que a comienzos del gobierno del Frente Amplio –allá por el 2006– se modificó la forma en que se calcula la pobreza. La modificación fue para que el parámetro de medición fuera menos exigente. Entonces, mucha gente, que era pobre, dejó de serlo porque el parámetro cambió. Es decir, cambiamos la altura de la vara; la medíamos a esta altura y ahora se mide a otra menor. Al medir a una altura menos exigente, la cantidad de pobres disminuyó. ¡Fue automático! Recuerdo que acá, a diferencia de otros países, se dijo de frente que se iba a hacer eso. ¡Eso es bueno! Es decir, no fuimos engañados por los datos estadísticos. Se cambió, y el INE dijo: «Vamos a medir diferente». Pero nosotros estudiamos cómo impactaba el cambio y vimos que, efectivamente, eso se hacía reduciendo la cantidad de pobres. ¿Por cuál vía? Por la vía estadística.

En estos últimos días nos hemos empezado a enterar, a través de los datos del INE –en el que todos creemos, gobierno y oposición; siempre hemos creído, lo respetamos y esperemos que siga así y no tengamos que poner en tela de juicio los datos oficiales, sino que discutamos sobre ellos, pero no si son falsos o verdaderos–, de que la mitad de los niños uruguayos menores de 11 años –los resultados son muy preocupantes– viven en hogares pobres.

Este es un tema demográfico: los ricos dejaron de tener hijos; los hijos los tienen los pobres; los niños nacen en los hogares pobres porque la riqueza que tienen los pobres son sus hijos. Es verdad que es un tema demográfico. ¿Es responsabilidad del Gobierno el tema demográfico? No, es un tema cultural y no vamos a responsabilizar al Gobierno de esta situación demográfica que hace que, efectivamente, la mitad de los niños del Uruguay vivan en hogares pobres y que cuantos más hijos se tiene se sea más pobre; eso es lo que dicen los resultados del Instituto Nacional de Estadística. Algunos técnicos han llamado a esto la infantilización de la pobreza.

Ahora bien; este es un dato que hay que tomarlo en cuenta. No vamos a culpar al Gobierno por esto, pero le vamos a decir que no festeje tanto los resultados de la pobreza porque la tenemos concentrada en la niñez y eso es altamente preocupante.

Lo más grave es la inmovilidad social, que es un tema de estos tiempos y no de hace tres o cuatro décadas y muchos de nosotros somos testigos de que Uruguay no la tenía. Vemos a la movilidad como un factor positivo de la vida de un país porque, no importando dónde se nazca, se puede avanzar socialmente, crecer, educar y construir una vida diferente a la que podría esperarse según el origen de la persona.

Estos datos recientes del INE indican que lo que hay ahora es un congelamiento, la fotografía está quieta.

SEÑOR CARDOSO.- Con mucho gusto.

SEÑOR CARDOSO.- Me pidió una interrupción el señor senador Bordaberry y se la concederé en un minuto. Sin embargo, antes quiero hacer algunas reflexiones porque me parece que el mecanismo de las interrupciones es, justamente, para debatir y no para que siga con mi intervención, y el señor senador Otheguy ha hecho algunos planteos que me interesa puntualizar.

Nosotros no hablamos en contra de la inversión pública, no creemos que este sea un instrumento a desconocer o a no tener en cuenta. Tanto hablamos de inversión pública, que hemos insistido y exigido la presentación de un plan de desarrollo vial integral del Uruguay a partir de la inversión pública y es el Gobierno el que dice que lo tiene que hacer en vinculación con el sector privado. Nosotros creemos en la inversión pública, en la inversión pública buena y sana. ¿Hay inversión pública mala? ¡Por supuesto! Hace un momento puse el ejemplo de Alas U. ¿Usted quiere una mala inversión pública? De los USD 15:000.000 que el fondo le asignó a Alas U ya se han gastado USD 8:000.000 y el avión todavía no remontó, y no lo va a hacer. Es más, ese avión está descontinuado y ya tiene un presupuesto mensual de USD 1:000.000. Esa es una mala inversión y eso es lo que no queremos. Ese es el Estado gordo e ineficiente, de la transferencia de recursos perdidos.

Nosotros no estamos en contra de la inversión pública. Creemos que una inversión pública buena es la educación; como sabemos es del 4,5 % y ojalá el Estado le asigne un 6 % y lleguemos a un 30 % o un 35 % del presupuesto global, que es otra medición que para mí también es muy buena, porque no tenemos que hablar solamente en términos de PBI. Cuando el presidente pone la billetera del Estado arriba de la mesa, ¿cuánto le asigna a la educación? No respecto al PBI, sino a su presupuesto. Me refiero a la plata que el presidente y el Gobierno de la república quieren gastar. ¿Cuánto le destina a educación? Ojalá lleguemos al 35 %. Para mí ese es un muy buen dato de la economía y eso es inversión pública. Yo quiero inversión pública, pero eficiente y me quejo de la ineficiente, sobre la que recién puse un ejemplo.

¿Quiere una inversión más ineficiente que la de AFE, o me tengo que ocupar de las inversiones del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y del fracaso estrepitoso en esta materia? Esa es una mala inversión pública.

Recién apareció la palabra mágica «neoliberalismo». Cuando un debate está medio perdido tiran la palabra «neoliberal» porque funciona como un insulto. Te dicen «neoliberal» y uno sale como espantado.

Hablemos sobre qué es inversión pública, cuál es la buena y cuál es la mala. ¿Hay inversión pública buena? ¡Por supuesto! Y tiene razón el señor senador Otheguy cuando dice: «En el Uruguay se ha utilizado la inversión» porque el batllismo la utilizó en algunos momentos históricos –no lo contradigo– para algunas necesidades. Me parece que a veces se lo hace en forma equivocada.

Con respecto a la pobreza, vamos a ver de qué se tratan la exclusión territorial y las nuevas medidas de exclusión territorial. Crecí en un Uruguay con barrios de pobres; todos éramos pobres en el barrio, no había ricos. Sin embargo, de ese barrio se salía, se estudiaba y se construía uno mismo a partir de la educación. No es solamente el territorio donde vives, es el contenido que el Estado en el que vives te da y que te ayuda para salir. El instrumento para salir de la pobreza no es la plata, sino la educación. Entonces, no hay que revisar si los pobres viven con los pobres, sino si los pobres son bien educados, si estamos invirtiendo en educación diferencial positiva en las personas más pobres y si las educamos más y mejor. En ese caso, no importa si viven al lado de otros pobres porque van a construir una buena vida, van a formar familias y van a avanzar en el Uruguay. Ese es el debate que hay que dar; no hay que discutir tanto sobre el territorio, y por eso no me concentré en el tema del territorio. Lo importante es el contenido, la mochila que le ponemos a los pobres para que en su camino se fortalezcan.

Le concedo la interrupción al señor senador Bordaberry.

SEÑOR CARDOSO.- Con mucho gusto.

SEÑOR CARDOSO.- Hoy comencé diciendo que este es un análisis político y que lo que hay que medir es cómo impactan los recursos que se utilizan en la política de gestión. Es muy recordada aquella frase del presidente Mujica: «Educación, educación y educación», pero eso luego hay que hacerlo realidad. Hubo cinco años para avanzar en esa materia y lo que podemos comentar es que habiéndose incrementado sustancialmente la cantidad de recursos a asignar en el área de la educación, los resultados no tuvieron el mismo avance.

Para terminar, voy a citar un ejemplo similar: el del Ministerio del Interior. Fíjense que esta cartera ejecutó un 138 % más que el período anterior. El ministro Bonomi tuvo una asignación presupuestal un 138 % superior a la que tuvo el ministro del Gobierno anterior y, sin embargo, los resultados no fueron buenos ¿Cómo se miden esos resultados? Por los datos de homicidios, tentativas de homicidios, rapiñas, hurtos, violencia doméstica, los que de 2011 a 2014 se incrementaron; reitero: todos estos datos se incrementaron considerablemente. Las rapiñas pasaron de 15.000 a 20.000; los hurtos, de 97.000 a 105.000; los casos de violencia doméstica, de 15.000 a 30.000; y los homicidios, de 199 a 262 por año.

La rendición de cuentas es la oportunidad de medir qué capacidad tienen los gobernantes de utilizar los recursos que obtiene el país, desde los impuestos, para mejorar la gestión y tener un gobierno exitoso. Por supuesto que no todo está mal, pero creemos que es altamente insatisfactoria la gestión del gobierno que culminó y cuya rendición de cuentas nos proponemos votar en contra.

Muchas gracias.


 
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