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Rocha,

Intervención en Plenario -Discusión Ley Inclusión Financiera -Dip. José Carlos Cardoso informa en el Parlamento

11/03/2014

SEÑOR CARDOSO (don José Carlos).- Pido la palabra.

SEÑOR PRESIDENTE (Pereyra).- Tiene la palabra el señor miembro informante en minoría.

SEÑOR CARDOSO (don José Carlos).- Señor Presidente: como ya aclaramos por escrito en el informe que hicimos como integrantes de la Comisión de Hacienda y como miembro informante del Partido Nacional, la oposición en su conjunto va a votar en contra de este proyecto de ley. Esta es una primera definición que creemos importante después de haber escuchado la entusiasta intervención del Gobierno defendiendo este proyecto.

Antes que nada, quiero hacer un reconocimiento que también he realizado por escrito a nuestra Comisión de Hacienda y a sus funcionarios, que han trabajado y trabajan de una manera encomiable para facilitarnos en una engorrosa tarea como la de analizar un proyecto de estas características toda la información, la disponibilidad de todos los datos y la lectura de todas las versiones taquigráficas lo antes posible. Agradecemos esto especialmente porque hay un esfuerzo relevante de los funcionarios de la Comisión y lo queremos destacar.

También quiero destacar, porque muchas veces hemos criticado, y con dureza, al Gobierno en otras oportunidades, la tarea que la bancada del Frente Amplio realizó en la Comisión abriendo el debate de este proyecto de ley. Hemos vivido otras circunstancias penosas, de discusiones cerradas, de poca posibilidad de debate o de interrupciones a la hora de citar a los invitados o a los referentes de los proyectos, pero este no fue el caso. Aquí se dio un debate largo, profundo; los interesados vinieron; muchos de ellos, yo diría los más importantes, concurrieron más de una vez, inclusive después de las modificaciones que la bancada del Frente Amplio le realizó al proyecto. Por lo tanto, me parece que este es un reconocimiento parlamentario que vale la pena establecer al comienzo de esta discusión.

Nuestras diferencias no se deben ni a la forma de discusión ni a la falta de debate. Nuestras diferencias son de fondo: no creemos en este proyecto de ley. No consideramos que este sea un proyecto de inclusión financiera, sino que es de bancarización de la economía. Hemos tenido éxito en esa denominación: como decía el señor Diputado Bernini, él ha tenido que corregir a todos los periodistas porque efectivamente la comprensión general de los ciudadanos es que este es un proyecto de bancarización. Están en lo correcto; no hay que corregirlos: es un proyecto de bancarización de la economía; es llevar a los bancos un negocio que hasta ahora no han tenido. Por eso, vamos a manifestar algo que también hemos dicho públicamente: como le gusta decir al Frente Amplio, hoy es una jornada histórica. Nunca los bancos consiguieron un negocio como el que están consiguiendo. Nunca tuvieron una intervención del volumen que este proyecto de ley les asegura en la economía, al transformar en obligatorio el pago de salarios y retribuciones a través del sistema bancario. Esta es la confirmación plena de que se trata de un proyecto de bancarización.

En el mes de noviembre del año pasado, en su última visita a la Comisión, el Ministro Lorenzo se refirió a cuál era la inspiración del proyecto: "[...] el fundamento de este proyecto se encuentra en una expresa insatisfacción con el funcionamiento de los mercados en los cuales se prestan [...]" los servicios financieros. Según el jerarca de la época, "Uruguay ha perdido presencia de la intermediación financiera, en particular de la bancaria, en los segmentos y en los productos más básicos de la oferta de servicios financieros". Y avanzaba afirmando que "[...] el proyecto desafía, cuestiona y pone en tela de juicio el funcionamiento actual de la oferta de servicios financieros" y que, por lo tanto, no iba a formar parte del análisis que el Gobierno hacía en la defensa del statu quo vigente. ¡Clara definición de que el proyecto estaba inspirado en un procedimiento para instrumentar mecanismos financieros diferentes de los que hay, en que el nuevo protagonismo lo iba a asumir el sistema bancario!

Cuando uno cambia el statu quo, modifica los jugadores, o su rol, y nosotros creemos que este proyecto efectivamente causa modificaciones en los jugadores que están en el mercado. Hay jugadores que ganan, hay jugadores que pierden y hay jugadores nuevos.

¿Cuáles son los jugadores que ganan? Bueno, los que están preparados para ganar el partido. Los jugadores que ganan son los bancos; son los que están en el mercado en condiciones, no solamente de ejercer el pago de la nómina, sino de trabajar efectivamente con el pago de los salarios ya y ahora, porque no van a necesitar ninguna reglamentación. Basta con leer alguna de las versiones taquigráficas para ver que el Banco de la República nos contaba cómo un banco privado de plaza, ofreciendo doscientos mil dólares al contado le llevaba el paquete de un grupo de trabajadores para que cobraran allí.

Estos son jugadores relevantes, que están en plaza, preparados para el negocio que se les ofrece, ahora en forma obligatoria. Ahora, se pone la mesa servida para que ese jugador relevante juegue en lo que sabe hacer: está operando, está interviniendo, está jugando fuerte y está participando de una manera activa en un negocio que repetimos pasa a ser prácticamente en exclusividad. Este es, desde nuestro punto de vista, el primer jugador que gana y que confirma el proyecto de bancarización.

Los bancos juegan fuerte, van a intervenir en este proceso en forma decisiva, y de hecho ya lo han efectuado hasta ahora; están en esa puja y utilizan los instrumentos que tienen, incluso su capacidad de fondeo de recursos para optimizarlos en esa captación, fidelización del nuevo cliente, en este caso, los trabajadores y los sindicatos, con los que seguramente comenzarán a negociar. Porque ya hablaremos de ese nuevo jugador que será el último que vamos a mencionar en nuestra intervención, de esos tres jugadores que definimos antes y de cómo van a negociar los bancos con él para atrapar el pago de los salarios y, por lo tanto, quedar priorizados en ese pago de la nómina y con una relación de fidelización con ese nuevo cliente.

Reconocemos que la inclusión financiera y la bancarización no son la misma cosa. Pero tampoco es lo mismo un banco que una cooperativa de ahorro y crédito, y eso es absolutamente claro para todos.

El Uruguay tiene una larga historia de cooperativismo, que inclusive nos diferencia del resto de los países de América. Cuando uno sale a otros países de América Latina a buscar el sistema cooperativo tal como lo conocemos, se encuentra con enormes flaquezas. El Uruguay ha diseñado y construido un sistema cooperativo que ha recorrido distintos escenarios de la vida de la sociedad. Se ha desarrollado en el consumo, se ha desarrollado en la vivienda; inclusive, se desarrolló en el campo financiero, porque hemos tenido cooperativas que han operado en él. Basta con recordar alguna caída y posterior cierre ocurrido ya en un Gobierno del Frente Amplio.

Es decir que la historia del cooperativismo en el Uruguay es muy rica, es muy profunda. Además, tiene un antecedente en la historia reciente y no tan reciente con respecto a la fortaleza con la que se ha comportado en tiempos de crisis. Cuando Uruguay vivió profundas crisis económicas, con quiebres del sistema financiero, con cierre de bancos, con cese de pagos, el que quedó en la cancha digamos así operando fue el sistema cooperativo, que de alguna manera dio protección, ayuda: aguantó el temporal. Recordemos la crisis de 2002; recordemos el cooperativismo de consumo, quizás lo único que funcionaba cuando todo el resto había desaparecido.

Es decir que cuando hablamos del sistema cooperativo nos referimos a una larga historia, que cruza Gobiernos, que cruza partidos pero que, además, tiene un antecedente reciente que se dio en el anterior período de Gobierno del Frente Amplio con la nueva ley de cooperativismo. Esa nueva ley buscó dar fortalezas al sistema, amplitud en su funcionamiento, buscó y consiguió jerarquizar alguna de las políticas del cooperativismo. Bueno, señores: ¡ese es el jugador que pierde acá!

Decíamos que el jugador que gana es el banco. El jugador que pierde es el sistema cooperativo. Ese es el primer jugador que en este juego queda retrasado, retrocede tres casilleros, y no es que lo diga la oposición, no es que lo diga el Partido Nacional: se afirma por parte del sistema cooperativo, y lo dijo en reiteración real; lo señaló antes de las enmiendas de la bancada del Frente Amplio y lo confirmó después. El sistema cooperativo pierde; el sistema cooperativo es relegado. Y cuando hablamos del sistema cooperativo hacemos referencia al sistema cooperativo de ahorro y crédito, y al sistema cooperativo de consumo. Pero en este capítulo, como jugador perdidoso, también incorporamos a los otros actores que funcionan en el mismo escenario del cooperativismo, como los que integran los sistemas de afiliados. El caso más típico y característico, el más conocido y más antiguo es el de ANDA.

Esos son los jugadores que pierden. Y pierden porque se los relega; pierden porque su capacidad de fondeo está en el sistema bancario: tienen que jugar con el jugador que gana. Pierden porque se los relega en la lista de descuentos. Pierden escenarios; pierden lugar; pierden capacidad operativa. Y reconozco que en el curso del debate en la Comisión, la bancada del Frente Amplio introdujo algunas modificaciones que no mitigaron sustancialmente aunque sí en parte las pérdidas que estaba obteniendo el sistema.

Parece paradójico y ahora voy al terreno estrictamente político que un Gobierno de izquierda apueste a que en un cambio con las características con que opera esta ley de bancarización el que pierda sea el cooperativismo. Parece paradójico, por lo menos, para los paradigmas con los que hemos trabajado siempre, en que el sistema financiero era el perverso y el sistema bancario modelo capitalista per se era el jugador al que había que atacar. Bastaría con revisar la historia reciente de los debates políticos del Uruguay, y también la historia lejana, para advertir cuál era y cuál es el pensamiento de la izquierda respecto al sistema financiero, y cuáles son las bondades de los otros sistemas.

Sin embargo, este proyecto estamos absolutamente convencidos introduce un fortalecimiento del sistema financiero, le otorga a los bancos un negocio como nunca antes se les dio y le causa un perjuicio al sistema cooperativo y al sistema de afiliados, a la red ganglionar más fuerte que tiene el país, en la que están los trabajadores, los jubilados, los asalariados, porque el sistema cooperativo de consumo y el sistema cooperativo de ahorro y crédito no están construidos por las financieras ni por los grandes actores de la economía, sino que se conforman por los más débiles, precisamente, a los que se supone que queremos ayudar. Los que habían construido este sistema son los que hoy reconocen que están perdiendo; están entrando de atrás; pierden privilegios, como el descuento de nómina; y pierden garantías porque, seguramente, en un proceso como el que establece la ley no van a poder prestar porque no van a poder descontar. Y con esto ponemos en riesgo todo lo que contiene ese sistema: un millón de personas participan en el Uruguay del sistema de afiliados y del sistema cooperativo, que movilizan US$ 300:000.000. Comparado con el sistema financiero esto puede ser poco pero, distribuido en pequeñas cuentas, en trabajadores, asalariados y jubilados, ¡vaya si es una cifra relevante! Y además, por lo menos quienes provenimos de allí, reconocemos que es una red que se desarrolla básicamente en el interior del país. Es la red que llega a muchos rincones alejados del Uruguay, donde no está el sistema financiero. Porque todos sabemos que el único que cubre mayormente el territorio es el Banco de la República el único público además y el resto está reducido a Montevideo, Canelones y el área metropolitana, por lo cual los demás servicios en materia económica y financiera los prestan estos otros actores.

Decíamos que había tres jugadores, y para ser ordenado en esta intervención que no va a ser muy extensa quiero destacar al tercer jugador, que es el jugador escondido. Aquí se cambian algunas reglas de juego. Una de ellas, que me interesa especialmente destacar, es lo que se llama el proceso de selección del lugar donde se cobra el salario. Es decir que el trabajador elegirá dónde cobrar. Y eso, dicho así, en un discurso, puede resultar muy sano, como muchas de las cosas que he escuchado hoy en esta Sala. Dichas en un discurso parecen el paradigma de la construcción socialista sobre la realidad: vamos a transformar la realidad a partir de una ley, donde ordenamos a todos los jugadores y les hacemos hacer lo que nosotros queremos.

Ocurre que la historia de la humanidad demuestra que no es así, que las cosas no funcionan como se acaban de describir, con entusiasmo, por parte del señor miembro informante en mayoría. No es a partir de la concepción lisa y llana que uno construye las reglas del mercado. El mercado es y seguirá siendo muy poderoso a la hora de encontrar las formas de funcionar y no todo lo que hacemos en la ley luego se verifica.

La decisión de que el trabajador elija la empresa, el banco o el sistema donde va a cobrar, expresada así puede parecer una generación de nuevos derechos, un reconocimiento a que ese trabajador puede tomar una decisión. En realidad, eso no va a pasar; no funciona así. Lo primero que debe decirse es que causa un daño a las empresas. Y cuando hablo de las empresas, no lo veamos en el paradigma de las grande, sino en las pequeñas empresas que, eventualmente si fuera así , van a tener que distribuir el pago de salarios en distintas instituciones.

Ello va a causar un efecto sobre los bancos que hoy operan en el mercado, básicamente el Banco de la República, que es el que tiene la mayor red de distribución, institución sobre la que voy a decir algo respecto a los logros que ha obtenido en los últimos años.

¿Cómo va a hacer para instrumentar la creación de más de medio millón de nuevas cuentas, si es que capta a la mayoría de los trabajadores? Además, ¿nadie le asigna un rol al sindicato? ¿Nadie está imaginando que el nuevo negociador va a ser el sindicato? ¿O es que llevar una plantilla de trabajadores a un banco no da beneficio? ¡Los bancos pagan por eso! Recién mencioné un ejemplo contado por el Banco de la República , el de un banco pagando US$ 200.000 por llevarse un cliente a pagar sueldos. ¿A quién van a pagar los bancos? ¿Quiénes van a llevar la plantilla de trabajadores en el área metropolitana? ¡Los sindicatos! ¿O no se imaginan ustedes una política sindical para discutir en el entorno de los trabajadores con qué banco van a cobrar, para que este les otorgue un beneficio? Ese es un jugador escondido, sobre el que no hemos hablado en el Cuerpo. Ello también va a generar un efecto determinante sobre los trabajadores que no necesariamente se van a beneficiar. Eso de que se van a beneficiar en forma directa por elegir el lugar donde se cobra es un dato no necesariamente contrastable con la realidad.

El señor Diputado Gandini hizo una pregunta aparentemente muy ingenua al señor Ministro, pero que demuestra el grado de profundidad y de impacto del cambio del que estamos hablando. Él preguntó cómo opera el adelanto en el caso de una empleada doméstica o de un peón rural agregamos nosotros , que es característico que lo soliciten el viernes a mitad de mes. Se respondió que se debe otorgar a través del cajero, del sistema financiero; es decir, implica una operación. Y aquí no estoy hablando de una gran empresa con mil quinientos trabajadores, sino de la relación familiar con el servicio doméstico. Esa relación debe operar a través del Banco, del sistema financiero. Entonces, ahí se produce una complicación en el sistema, que genera un efecto, quizás no buscado, pero que efectivamente se va a verificar y nosotros lo advertimos. Si pensamos en los grupos grandes en el área metropolitana, en el sindicato de la construcción o en el sindicato de una de las fábricas grandes de Montevideo, nos damos cuenta de que es fácil operar, ya que el sindicato es el que va a negociar y no el trabajador, porque eso renta y los bancos pagan por ese servicio, para hacer esa operación. Además, tienen beneficios adicionales, y no me refiero a los directos, sino a los indirectos como la fidelización de un cliente que queda cobrando dentro de un banco y que luego va a recibir una oferta de esa institución.

El señor Diputado Bernini en su informe decía: "veamos la región". Claro que yo veo la región. Pero, no solamente miro Brasil, también miro Argentina. bserven la publicidad de los bancos en Argentina donde está funcionando un sistema parecido a este. ¿Qué nivel de oferta hacen? ¿Qué camino eligen para fidelizar al cliente, en este caso, un trabajador? Es siempre la oferta de dinero adelantado; es el aguinaldo de junio cobrado en marzo; es en vez de trece salarios al año, un catorceavo salario distribuido a lo largo de los doce meses con descuentos salariales. Además, el proyecto de ley protege al banco a la hora de cobrar y lo pone por delante del sistema cooperativo; es decir, lo coloca en una situación privilegiada en la que seguramente va a cobrar.

Por lo tanto, hay jugadores que ganan, jugadores que pierden y jugadores escondidos. El señor Diputado Bernini hacía especial mención en su informe al sistema de accesibilidad de los cajeros y a lo que ha dicho el sistema bancario al respecto. Creemos que asiste más razón al Presidente del Banco de la República que al miembro informante del Partido de Gobierno. Nos parece que es más certero lo que manifestó el Presidente del Banco de la República en cuanto a que este efecto es perverso y que va a hacer retroceder la oferta de accesibilidad de los cajeros automáticos de los bancos. Además, el hecho de dar interoperabilidad a todo el sistema bajo los efectos de los cajeros ya existentes no va a jugar como un factor a fin de beneficiar al usuario, sino para perjudicarlo. Bajo el concepto de que el usuario no paga nada cuando utiliza un cajero que no es de su banco que lo pagará el banco , en realidad, lo que se esconde es que el banco va a retroceder en ese servicio porque no atrapa al cliente.

Los bancos ofrecen hoy el cajero automático, al que todos accedemos, como un servicio para atraer al cliente. Se amplía esa red lo más posible para que el cliente tenga un cajero de su banco cerca. Si el cajero es el mismo para todos los bancos, entonces, ¿por qué extender la red? ¿Quién la va a extender? ¿A santo de qué si eso no tiene un efecto positivo sobre el mercado ni le va a permitir captar un cliente? En todo caso, lo que está haciendo es extendiendo una red de cajeros para ofrecérsela a otro banco. Esto no le interesa a un banco en competencia; es decir, crear un mecanismo que va a usar su competencia. Decir que hay interoperabilidad y que todas las personas con cualquier tarjeta de crédito irán a cualquier cajero, es una expresión de deseo; pero el mercado va a ser mucho más poderoso y va a operar defendiendo su negocio. No estoy hablando del Banco Santander o del Banco Itaú, estoy hablando del Banco de la República. El Presidente del Banco de la República dijo que eso va a afectar a la institución, y que esta evaluará de qué manera va a distribuir la red de cajeros en el futuro. Además, expresó que hay más de cien cajeros guardados en el puerto y que se verá si se van a poner en marcha de acuerdo con la conveniencia del negocio. Entonces, si el negocio no conviene, ¿para qué extenderlo? ¿Extenderlo para otorgar posibilidades a los otros bancos de tener cajeros en todo el país cuando no han puesto ninguno? Seguramente no.

Según se ha dicho aquí, el objetivo del proyecto como todo objetivo siempre es el más sano, el más bueno. Se habla de otorgar a las personas el microcrédito, la microcuenta; por ejemplo, que el dueño de un kiosco o una persona que maneja un pequeño negocio pueda tener accesibilidad al sistema financiero. Sinceramente, lo que me asombra es que el Gobierno no reivindique al Banco de la República que ya lo hizo; que no defienda acá que eso ya existe. El Banco de la República tiene esos servicios; tiene cuentas alcancía, que no necesitan mínimos ni retiros y que no pagan nada. Estas cuentas están pensadas para personas que tienen un pequeño negocio y quieren operar con ese sistema. Reitero que me asombra que el Gobierno no defienda al Banco de la República que creó microfinanzas, que otorga créditos en todo el país con un sistema de garantías cruzado con los Gobiernos departamentales, que está funcionando muy bien, y que da perfecta accesibilidad a los servicios financieros. Hoy, el Banco de la República, el banco del Estado, con esos servicios financieros que se anuncia van a venir, tiene una presencia del ochenta por ciento. Entonces, además del sistema de bancarización, lo que está aconteciendo acá es que estamos haciendo participar a la banca privada en ese negocio que hoy es del Banco de la República. Todo lo que se dice que vamos a tener ya existe, ya está funcionando. Vayan al Banco de la República y pregunten por el crédito de microfinanzas o microcrédito, por las microcuentas; esos servicios financieros ya existen y están en manos del Banco de la República. ¿Votamos una ley para que eso aconteciera? No. Para regular el mercado no se necesitan leyes. Normalmente, las leyes que regulan el mercado lo distorsionan y generan nuevos efectos perversos.

Estamos en las antípodas ideológicas. Está hablando un Diputado liberal, por lo tanto, comprendo perfectamente el concepto socialista de querer regular las normas del mercado.

El Banco de la República no necesitó de ninguna norma para crear microfinanzas, microcuentas; lo hizo porque salió a trabajar el mercado y a conseguir clientes en todo el país con su extensa red de sucursales. ¿Por qué el Gobierno no lo reivindica? No lo comprendo. Esto lo tendría que estar diciendo un Diputado del Gobierno y no un Diputado de la oposición. Esos servicios financieros que aspiran tener ya existen hoy día.

En la discusión ar¬tículo por ar¬tículo vamos a intervenir y daremos nuestro punto de vista. El Partido Nacional no va a acompañar el proyecto en general ni en particular, pero vamos a plantear algunos conceptos al respecto.

La accesibilidad de los servicios financieros y el manejo de las cuentas a través de tarjetas es un tema cultural. El Banco de la República dio una información relevante en la Comisión que permite reconocer qué distancia hay entre los deseos y la realidad. Por ejemplo, en cuanto a las tarjetas Mides, que creó el Banco para el cobro de asignaciones familiares, se nos informó que solamente el 25% de las personas la utiliza como tarjeta de débito para hacer compras, aun teniendo el descuento del IVA incorporado, y el otro 75% sigue con la tradición de retirar el dinero en efectivo del cajero.

Esa es otra prueba de que cuando se dice que se rebajará el IVA a los que menos tienen, no se ha verificado. Ese episodio no aconteció. ¿Por qué? Porque hay una traba cultural, porque los ciudadanos no tenemos la costumbre de usar la tarjeta ya que no tenemos ese concepto incorporado y, porque, además, sigue habiendo un mercado informal al que acceden las personas que cuentan con esos servicios de tarjeta y prefieren utilizar el dinero en efectivo.

También habría para agregar otros aspectos vinculados a la accesibilidad de las tarjetas de débito y al concepto de rebaja del IVA. Acá se dijo que se busca la complementariedad de la reforma tributaria del 2007 alcanzando un objetivo buscado en ese año y prometido en la campaña electoral del 2009, pero que no se ha cumplido al día de hoy en el 2014. Estamos en marzo de 2014 y la idea de cumplir con la rebaja del IVA todavía sigue en veremos.

Se dice que este va a ser el mecanismo, que es el más genuino. Esto lo ha dicho el señor miembro informante de la mayoría, y que la rebaja del IVA por otros mecanismos es atrapada por la intermediación. Bueno; entonces van a tener que corregir al señor Ministro de Economía y Finanzas que hoy anunció la rebaja del IVA en algunos de los productos del supermercadismo y a las frutas y verduras. Acá hay, otra vez, un doble juego, pues hay anuncios que no se verifican, que no se complementan y que no se producen. Hay rebajas impositivas que no llegan al objetivo de cumplirse y promesas, como esta del IVA, autorizada por ley hace más de dos años, que ahora comenzará a aplicarse a partir de esta ley. Seguramente, su aplicación será a partir del año 2015, si andamos con suerte. Este proyecto de ley se aprobaría hoy, estará en el debate del Senado y, supongo que la reglamentación del Banco Central que será tan compleja como la ley, llevará su tiempo. Quiere decir que consumiremos el año 2014 en papeles, pues comenzará a aplicarse en el 2015 en el mejor de los conceptos, y veremos si la promesa electoral del año 2009 efectivamente se cumple en el 2015. Exactamente cinco años después terminó el Gobierno y esa rebaja no se verificará.

El último objetivo que persigue el Gobierno con esta ley obviamente que el Partido de gobierno no lo va a decir en este ámbito, sino que tendremos que decirlo nosotros es recaudatorio. El Director General de Rentas habla de la trazabilidad de la tarjeta; se está diciendo que todos los movimientos por tarjeta son trazables. Con ello se está evidenciando un seguimiento de la tarjeta, un seguimiento al detalle de todos los movimientos que las personas hacen con el dinero en el país. Ello es, en el fondo, también un objetivo de recaudación de las políticas impositivas del Estado.

Todos los Estados tienen un objetivo recaudatorio y todos buscan conseguir la mejor recaudación. En este proyecto de ley también hay un fin recaudatorio a partir de la utilización de un sistema magnético que deja trazas claramente identificadas que se identifica por tarjeta y por persona ; por lo tanto, como un Gran Hermano, en la DGI se tendrán todos los movimientos económicos de los trabajadores asalariados. Este es un objetivo encubierto, que prefiero no calificar, pero que se debe decir, que es el de mejorar la recaudación.

Termino diciendo que para nosotros el efecto de este proyecto de ley sobre el sistema cooperativo, de consumo y de ahorro y crédito y sobre el sistema de afiliados, es un golpe demoledor a esa economía social, que la izquierda defendió durante décadas pero que, ahora, pone en riesgo su funcionamiento y su futuro. Y, en el mejor de los casos como bien dijo el señor Diputado Bernini , las cooperativas tendrán que crear otro tipo de sociedades, es decir, los están incentivando a irse al sistema de intermediación financiera, a transformarse en banco, cuando en el fondo, el gran concepto del cooperativismo como el concepto del sistema nacional de afiliados, no es el de transformarse en banco sino ser una red social de protección.

Era cuanto quería decir, señor Presidente.

(Manifestaciones de la barra.- Campana de orden)


 
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