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Rocha,

Intervención en Cámara - \" PLAN CAIF\" - Un modelo exitoso

18/09/2013

SEÑOR CARDOSO (don José Carlos).- Señor Presidente: apoyamos la iniciativa de reunirnos hoy, como ha ocurrido en estos últimos días, para saludar una gestión de carácter público, una política pública que ha cruzado varias etapas, varios gobiernos en la vida del país y que ha completado con éxito un cuarto de siglo de funcionamiento.

Quiero comenzar mi intervención recordando el texto del Acuerdo Multipartidario sobre Educación que firmaron los partidos políticos en 2010. Tuvimos el honor de trabajar en dicho Acuerdo, uno de cuyos capítulos tiene especialmente en cuenta no solo impulsar una política nacional de atención a la primera infancia que procure el desarrollo integral de niños y niñas de esta edad política que debe ser enfocada intersectorialmente sino avanzar claramente hacia cuál sería el objetivo del período de Gobierno en materia de los Centros de Atención a la Infancia y la Familia. Esa es una demostración cabal y plena de la coincidencia multipartidaria de un proceso de gestión que, como se mencionó aquí, tiene un antecedente histórico en 1986 y 1987 y ha cruzado distintas Administraciones políticas, con diferentes prioridades de carácter económico, social y político.

Algunos investigadores dicen que esta es una de las pruebas de corte transversal en todas las gestiones políticas de los últimos veinticinco años en materia social. Digo esto porque muy a menudo nos trenzamos en el plenario en debates acerca de la sensibilidad de carácter político y de políticas públicas en materia social y el CAIF es una de las demostraciones de que en las décadas del ochenta y del noventa se aplicaron políticas sociales adecuadas, así como mecanismos con un criterio firme y claro que incluían la participación de actores. El Plan CAIF, desde su diseño original, tiene la participación de las familias, de lo que denominamos sociedad civil a través de organizaciones sociales o de grupos de trabajo que coordinan mediante políticas públicas y dan refuerzo y continuidad a un proceso de gestión que atiende y busca resolver un problema extremadamente relevante, como la atención de los niños en la primera infancia.

Un primer nivel de coincidencia es que muchos de los problemas en los distintos sectores de la educación, en el avance de la vida, cuando tenemos fracasos escolares, cuando tenemos repetición, cuando tenemos deserción, se originan en la primera infancia. No hay que buscar tanto el problema o el fracaso en esa gestión directa sino ir a sus antecedentes. Entonces, más allá de la estrategia concreta recién, un Diputado del Partido de Gobierno dijo que puede haber otras estrategias, que no hay que quedarse con una sola; lo único que ha pasado a lo largo de estos veinticinco años en este plan denominado CAIF, fue su fortalecimiento , existe pleno convencimiento y coincidencia de que los niveles de atención y de inversión pública en la primera infancia son claves para evitar ulteriores fracasos en materia de educación y que lo que no hagamos bien en esa primera etapa, nos va a resultar difícil, si no imposible, resolver en etapas posteriores.

Queda sí un largo tramo de cobertura y creo que allí es donde tendríamos que estar viendo nuestra mayor dificultad. Hace un par de años, en ocasión del Presupuesto quinquenal, debatimos en el Cuerpo cuánto le costaría al país o qué nivel de inversión pública necesitábamos para atender a todos los CAIF que nos faltan para cubrir al 100% de los niños en este tramo etario que están en condiciones de pobreza. Y lo cuantificamos en el debate presupuestal: dijimos cuánto dinero se necesitaba en materia de infraestructura para tener esos CAIF. El mayor problema sin duda es alcanzar y cubrir el recurso humano necesario. También cuantificamos y hablábamos de casi US$ 13:000.000 para mantener esa estrategia, a fin de atender el 100% de los niños en condición de pobreza; estrategia probada con resultados probados y todos coincidimos en ello.

En el presente, respecto al Plan CAIF mantenemos amplios niveles de coincidencia. Saludamos la gestión de la actual Administración y la de quienes están al frente del Plan CAIF asimismo, como lo dijimos en reiteradas oportunidades, la gestión del INAU y la Dirección del Plan CAIF porque creemos que se avanza en la dirección correcta, que se está trabajando con un criterio de política de Estado. Se sabe que allí se administra una política pública de consenso y se trabaja sin pausas para que se cumpla adecuadamente.

Seguro que no todo fue fácil; no todos los tiempos fueron fáciles, porque por ejemplo, hubo problemas con el financiamiento. Felizmente, entre nosotros tenemos a uno de los colegas, el señor Diputado Berois, que en 1996 trabajó en un proyecto de ley que incluía la creación de un mecanismo de financiamiento para el Plan CAIF y que, posteriormente, el Parlamento votó.

No siempre resultaron fáciles los mecanismos de financiamiento para cubrir esta política pública, pero se fue logrando: se encontraron rubros permanentes en el Estado para evitar que quedara pendiente del debate presupuestario sobre prioridades, que, a veces, van cambiando a lo largo del Gobierno. Fue un instrumento idóneo, adecuado, para darle continuidad.

El plan tiene muchas virtudes, no solamente en su proceso de gestión, sino también en la relación con la comunidad y en los vínculos que va trazando con otras instituciones. Uno visita un Mevir y encuentra que ha hecho convenios con el Plan CAIF. Por lo tanto, cuando se instala un Mevir en zonas rurales, allí se encuentra un desarrollo complementario de esta estrategia.

Se trata de ese mecanismo del que tantas veces hablamos en política: no es solo de la transversalidad a la hora de ejercer una acción, sino de la introducción de mecanismos que permitan que los convenios, los acuerdos, las transacciones institucionales, funcionen adecuadamente y retroalimenten los procesos. Creo que, en ese sentido, el CAIF también ha recorrido un camino adecuado.

Además, se ha realizado un esfuerzo por la definición de los modelos de intervención y por la fijación de parámetros de referencia en diferentes campos, en la infraestructura física, en la práctica pedagógica, en el manejo financiero, en la gestión y en la formulación de proyectos locales. Es un desafío enorme llevar a la práctica esto que, muchas veces, es definido por organismos internacionales que nos hablan de políticas públicas: lo digo más como docente, que como legislador. Es muy difícil instrumentar el acuerdo de estas distintas estrategias para que terminen resultando efectivas.

En cuanto a la disponibilidad de los recursos y su efectiva ejecución, ¿cuántas veces hemos tenido en el Cuerpo debates acerca de la dificultad en la gestión para la efectiva utilización de los recursos disponibles? ¿Cuántas veces hemos criticado a distintos organismos de Gobierno por tener disponibilidad de recursos y no poderlos ejecutar por problemas de ineficacia de gestión o, a veces, por contradicciones en los instrumentos que se utilizan? Muchas veces, esos recursos terminan no siendo ejecutados, cuando son tan necesarios. En ese sentido, también hay mediciones respecto a la capacidad de gestión y de ejecución.

Cabe consignar que el CAIF se pensó como una política para pobres, pero no se ejecutó como una política para pobres. Desde mi punto de vista, debemos apropiarnos de esta definición para saber cómo uno puede definir una estrategia a fin de resolver un problema en la sociedad cuando se presenta , sabiendo que tenemos una población objetivo y que debemos llegar a ella, pero no mediante la aplicación de criterios que limiten esa ejecución o que la transformen en una ejecución exclusiva para determinados sectores sociales; porque cuando uno llega a un CAIF sabe que está en sectores vulnerables de la población, pero el funcionamiento del Centro no lo demuestra. Por el contrario, es como si se estuviera aplicando en distintos sectores de la sociedad, y creo que esto realza su funcionamiento. En definitiva, es una política que fue pensada para resolver temas de la pobreza, pero no actúa como política para pobres.

Desde mi punto de vista, el CAIF combina de manera singular criterios básicos y universales propios de la vieja política del bienestar que en el Uruguay quizás fue la política más admirada con otra gran virtud que no hemos logrado aplicar en otras áreas del Estado: la descentralización en la ejecución. Cuando uno se pregunta si se puede descentralizar el sistema educativo, muchos de nosotros, que hemos participado juntos en debates sobre la educación, decimos: "Sí, se puede, es un objetivo; vamos a ir por ese camino, a ver si encontramos procedimientos, mecanismos", pero cuesta. Cuesta descentralizar el poder en tanto Administración directa.

El Centro CAIF es un ejemplo cabal de la descentralización, del funcionamiento descentralizado de la gestión, que tiene en la comisión, en el grupo docente, en la estructura de funcionamiento del propio Centro CAIF, su más amplio desarrollo en la tarea de ejecutar la política, de ejecutar el gasto, de completar el servicio. Yo creo que ese también es un modelo a seguir o, por lo menos, un ejemplo a mirar, a observar, para ver cómo se aplica en la realidad.

Otro elemento fundamental que debe resaltarse refiere a los contrapesos institucionales que el modelo del Plan CAIF tiene incorporado en su diseño y que, más allá del nivel de funcionamiento efectivo en diferentes momentos a través del tiempo, aparece como una de las características que ha influenciado en materia de avances: un plan exitoso en términos de objetivos explícitos y directos; un modelo con efecto en la creación de redes sociales; un modelo con capacidad endógena de innovación, y una visión general sobre el plan y la interrelación con las políticas integrales del combate a la pobreza.

En lo que se ha dado en llamar "políticas de segunda generación", el Plan CAIF comienza su desarrollo, básicamente, en la década del noventa, que era señalada como la que no atendía las políticas sociales o que tenía una mirada exclusiva en las políticas económicas y su eficacia.

El diseño del Plan CAIF en el Uruguay contradice el discurso, repetido durante tanto tiempo, de que la década del noventa solamente tenía una mirada hacia las políticas económicas. La década del noventa instaló un diseño institucional de políticas sociales eficaces, exitosas, que devienen hasta hoy día, y esta es una de las pruebas más cabales, con participación de la sociedad civil, de los actores involucrados y con efectiva distribución de recursos y descentralización del proyecto.


 
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